HAMMOCK Raising your voice…trying to stop and echo (Darla, 2006)
Algunas veces la música de este dueto originario de Nashville esta hecha como para escucharse entre la época mas amarilla del otoño y los últimos días grises de un invierno en plena retirada del calendario; uno de esos es un lunes mientras preparas el café en la cocina de tu cabaña de campo con vista majestuosa a un paisaje matutino colmado de montañas nevadas. Te sientes tremendamente feliz e insoportable. Hay una paz grande. Nada se interpone entre tu y las 18 canciones algodonosas de este disco que no ofrece nada nuevo ni pretende hacerlo. Para el 2006, en este segundo largo, Marc Bird y Andrew Thompson, se dejan llevar de nuevo hacia donde la música les diga y sacan del horno de su propio estudio casero una delicada joya de matemática atmosferica, post-rock y folk aéreo prominentemente instrumental. Pienso en una versión renovada del shogaze noventero sin menos feedback y mas delay; menos melodía y mas paisaje cristalino de guitarras flotando en cámara lenta. El disco es un agridulce viaje introspectivo hacia la belleza pero atravez de la elegancia etérea del dream-pop y la sensibilidad narcótica del ambient “pastoral” (etiqueta de moda en España) en los modos propios de un Explosions in the Sky o los Boards of Canada. Por otra parte, algunas otras vecez, el Raising your voice… también es la música que te detienes a escuchar durante el trayecto de la “Caída”. Ahí vas, en picada, escuchándola, con la resignación de que vendrán otros días iguales y las ganas de no levantarte de la cama. Caes hacia el fondo y mientras vas cayendo te vas quedando solo, jodido, vivo y doliente. Para ti ya no queda nada, solo ese vaporoso wing hipnótico de cellos, beats y pianos melancolicos abriéndose de brazos para ti. Es el track diecisiete, “will you ever love yourself?” Por un segundo fuiste feliz. Hay una paz grande.
Después de la mujer que se levánta de mi cama cantando el buenos días mientras hace el café, me atreveré a señalar a otras dos magas del arte contemporaneo como mis guerreras favoritas.
Las dos (ó las tres?) son emisarias del capricho-doliente de la sensibilidad. Desde niñas se dejaron escojer por la musica, y luego justo ahi, ya sin remedio, encontraron el gran motivo, el mejor pretexto para asumirse como seres humanos enfermos de vida. Para ellas tres, existír es derramarse a diario como lava incadecente atravéz de emociones dolientes en brúto; es resistir la realidad hasta salir invíctas. Su arte es un mantra catárquico hacia donde huyen sus demonios, el estanque en donde desembocan hirviendo sus ríos internos de lúz; evaporase es soltar la furia, dejar que flote la pasión; el deseo como un eterno reterno; la posibilidad del amor como algo efímero y sin embargo seguir creyendo en él; la eterna disputa existencial por el derecho a ¨ser¨ mujer y poder externar su propia perspectiva de la belleza (que es lo que mejor las define).
De no ser por estas tres hechiceras (contando a la de mi casa) el mundo no se huebiera salvado nunca.
1. Elizabeth Fraser.
De ésta, nadie habla nunca mal y no pocos hasta dicen que es ¨Dios¨. Elizabeth Fraser fue la vocalista de los Cocteau Twins desde 1982 hasta la ruptura de la banda en 1998. La de Escócia posee una voz sin precedentes (por lo menos en en el planeta tierra). Nadie ha podido superar su capacidad cósmica para sugerir imágenes incorporeas, coexistiendo juntas en la imaginación del escucha, en un mundo paralélo, etéreo, acuático, en donde solo el sonido se mueve y palpíta. La voz de Liz Fraser es una ecuacion electrica que se extiende y ocupa todo el espacio del subconciente. Cuando ella canta, su voz suena como el gemido de míl angeles en celo, participando en una orgía espiritual. Sus armonias vocales son piezas de orfebrería lactea acompañadas por las notas siempre sublímes, discretas y distorsionadas de la guitarra de su ex-esposo Robin Guthrie, que de inmediato nos hacen pensar en una imágen de Dios estornudando a camara lenta.
Con The Pink Opaque (1984) tuve el honor de conocer a los Cocteau Twins, aunque fue con el efusivo Heaven or Las Vegas (1990) y con la melancolía delicada del Four-Calendar Cafe (1993), donde pude constatar que su musica era como un lenguage creado debajo del mar para nadar en el aire. De las ultimas noticias mas tracendentes de Liz Fraser, la que mas causó polemica fue la vez que decidio renunciar (faltando solo unos dias) al reecuentro de los Cocteau Twins para el Festival Coachella 2004, y que todos sus fans todavia seguimos lamentando. La otra es un rumor casi oficial que dice estar preparando su primer album como solísta para antes del 2008.
Se que no exagero, ni tampoco creo correr el riesgo de equivocarme, cuando afirmo que Elzabeth Fraser es el equivalente contemporaneo que más se acerca a lo que en otra epoca fueron la Billie Holliday, Edith Piaff y Ella Fitzgerald.
2. PJ Harvey.
La vagina con colmillos. Glamour, sexo y decadencia a la jet-set. Polly Jean Harvey, es una femme fatale sofisticada, de malos modales y con mucho ovario de sobra. Ella es la diva oscura más temida por todos nosotros. PJ, la ex-novia de Nick Cave, le ofrece al mundo su versión desperada del amor como un drama constante donde converjen el lado más oxidado de blues y las influencias inevitables de Patti Smith. Polly Jean Harvey Se dio a conocer a principios de los noventas, en plena efervescencia garage-grunge y fue de las pocas nenas que se atrevieron a decirle al mundo que las mujeres también pueden ser rudas, promiscuas y estridentes. Antes del clásico Rid of Me (1993), Pj Harvey ya había lanzado su álbum debut titulado Dry (1992). Todo mundo se volvió loco. Se pusieron de moda las mujeres malas. En el año 2000, la busqué y la encontré. Estaba en Phoenix Arizona, abriendo la gira de U2. Diminuta, flaquísima, enfundada en un escotado vestido rojo de lentejuela, tacones altos y guitarra enchufada a un pedal de distorsión. Ahí estaba ella, sobre el escenario y ahí estaba yo, desde muy lejos, disfrutando del único motivo por el que pagué casi el doble de lo que costaba el boleto. Acababa de salir al mercado el Stories from the city, stories from the sea (2000); este disco, aunque un tanto más inofensivo que los anteriores yo lo considero un poderoso testimonio-pop de rocanrol vaginal.
Luego de mucha farándula, exceso y poca intimidad, Pj Harvey regresó a la granga de sus padres, al núcleo, a su oasis en el desierto, para empezar de nuevo y escribir nueva música. El resultado es un regreso a la crudeza de antaño pero sin perder la personalidad y el estilo de hoy. Era el año 2004 y el álbum, que poco después llego a ser propuesto por la crítica como de lo mejor del año, se tituló Uh Huh Her (2004). El disco, es un testimonio de rabia y madurez, de neurosis asimilada; una carta de amor escrita a mano; un lamento distorsionado y tosco; directo y amargado. Pégame, pégame, pero no me dejes.